Las tierras fértiles son el sustento de nuestra mesa y la herencia de nuestro campo, pero los suelos dominicanos, esos gigantes silenciosos que alimentan la nación, están enfermos. La urbanización, la erosión y los químicos los están agotando. Expertos lanzan una alerta: protegerlos ya no es una opción, es una cuestión de seguridad nacional.
