
Redacción creativa: La deportación masiva de inmigrantes haitianos a su país.
- Posted by Daury Ureña
- Categories Opinión y Editorial, Proyectos Escolares
- Date junio 2, 2025
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La siguiente redacción es el producto creativo y original de Carlos Manuel Contreras, estudiante de 3er Grado:
La deportación masiva de inmigrantes haitianos a su país.
Una tierra que ha vivido un desdén compartido. Desde sus inicios fue ocupada. Primero por conquistadores que trazaron fronteras con sangre, luego por imperios que le arrebataron su tranquilidad. Cuando por fin se liberó pensó que conocería la paz, pero no fue así. Aun sufre sufragio de compartimiento con una nación que no ha sido liberada de su pobreza. Comparte con ella una isla, una historia y, a veces, el dolor que no se cuenta.
En una comunidad rural de la frontera dominicana, vivía Adriana joven de 19 años, hija de campesinos. Adriana era observadora, precoz, y conocía lo que otros desconocían, escribía en su viejo cuaderno todo lo que pasaba en su entorno. Era una escritora muy inexperta y profunda, su madre que era vidente le apodaba LOS OJOS DE DIOS Ella no solo creía, sin embargo, seguía escribiendo libros. Entre las páginas que escribía hablaba de su barrio, de la tierra, y de Pierre su mejor amigo, hijo de padres haitianos que habían cruzado la frontera hacia muchos años para sobrevivir.
Pierre nació en suelo dominicano, pero el país nunca lo quería reconocer, pero el tiempo lo reconoció como suyo. Por sus deportaciones.
_Adriana Le decía una tarde cualquiera-Pierre ¿tú crees que yo pertenezco aquí?
_claro que sí-respondía ella sin dudar. Has vivido aquí toda tu vida. Hablas como nosotros, piensas como nosotros. ¿Qué más hace falta?
_Un papel-contestaba el, con los ojos llenos de tristeza- solo un papel.
__La zona vivía bajo tensión constante. Las patrullas de migración pasaban día y noche. Buscando a los que no tenían derecho de estar allí, sin importar si habían nacido, crecido o trabajado en ese suelo. Esa semana, las redadas se intensificaron entre entradas y salidas.
_Adriana y Pierre se conocieron en el salón de clases. Muy conocido en el pueblo de Salamanca. Uno de los anhelos de Adriana es ser abogada para defender a los inmigrantes haitianos y proteger a todas las personas de la sociedad dominicana. Pierre su amigo es muy solidario con sus paisanos y también con los dominicanos, el quiere ser abogado y matricularse en filosofía.
_Para entender cómo se comporta el ser humano en la sociedad.
Adriana está junto a su familia en el bohío. Lucía su madre está en la cocina, haciendo la cena, mientras que Mateo su padre, está recostado en la mecedora y su hermana.
Fabiola camina en las afueras del lugar. Mientras tanto, Adriana escribe un artículo en su viejo cuaderno de apuntes, en su habitación, pero el viento del pequeño abanico junto a una brisa fuerte que entró por la ventana hizo volar las hojas. La joven se levantó de repente y agarró las hojas un poco asustadas, sintiendo un presagio como si algo extraño ocurriría en el pueblo.
Cuando su madre cruzó la frontera con su hermana mayor, venían desde Haití, con una sola maleta que ya no cerraba bien. Dentro había algo de ropa, algunas fotos viejas, un diccionario francés-español y un frasco pequeño de tierra de su pueblo. Al llegar al país vecino, no entendían bien el idioma, ni por qué algunas personas los miraban con desconfianza. Su madre le explicaba que la gente tenía miedo de lo que no conocía, y que ellos tenían que enseñarles con paciencia quiénes eran: trabajadores, respetuosos y llenos de sueños.
Tiempo después, Pierre comenzó a ir a la escuela donde conoció a Adriana. Al principio se sentaba solo. Sus compañeros no sabían cómo hablarle, pero lo observaban con curiosidad. Un día, en la clase de Ciencias, dibujó con tanta precisión una célula vegetal que el profesor lo aplaudió. Esa tarde, uno de los chicos se le acercó y le dijo: “Tú dibujas mejor que nadie.” Desde entonces, poco a poco, Pierre dejó de estar solo.
Con los años, Pierre aprendió español perfectamente. Jugaba fútbol en las tardes, ayudaba a su mamá en el mercado los fines de semana y sacaba buenas notas. A veces le preguntaban de dónde era. Él respondía: “Soy haitiano, pero ahora esta también es mi casa.” Una vez, en una feria cultural de la escuela, llevó su frasco con tierra. Lo puso sobre una mesa decorada con colores haitianos y contó la historia de su viaje. Al terminar, muchos lo aplaudieron. Algunos lloraban, él les contó que la maleta vieja aún estaba en su casa. Ya no servía para viajar, pero Pierre la conservaba como recuerdo del día en que comenzó su nueva vida.
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